Grande
es este día en el cual, como cada año, recordamos su martirio, a nuestro fundador
y guía; nuestro arquetipo, líder y camarada José Antonio. Una vez más que desde
los luceros nos observa con gran alegría viendo que su obra no fue en vano.
Siguiendo los preceptos que ha dejado inscritos en lo más profundo de nuestros
corazones seguimos aquí recordándolo y rindiéndole honores.
Cuantas
letras no se han escrito acerca de José Antonio, que aquí en este humilde espacio
pueda escribir ya. Solo puedo escribir
mi experiencia personal como falangista, que sus ideas me han servido de
inspiración para continuar con la lucha para acabar con los males que acosan la
dignidad de nuestra patria injuriada y herida en el alma.
Trato
de escribir y se me escapan las palabras para referirme a él como si estuviera
aun entre nosotros en forma física, sabiendo bien que si en espiritual. De manera alguna no puedo tampoco dejar de
pensar en esas últimas horas que pasó en
aquella celda de la prisión de Alicante, donde días antes asumiendo ya su
destino pidió un sacerdote para confesar su alma y llegar en gracia hacia el
Padre; donde por su fervor católico paso rezando el Santo Rosario de María;
donde encomendó su alma a su Dios y Creador; ahí en esa celda cuanto reflexionó
sobre su vida, su obra y sobre el futuro de España.
Como
olvidar sin conmoverse hasta las lágrimas al leer en su testamento: “Ojalá fuera la mía la última sangre española que se
vertiese en discordias civiles", reclamó en él, recién confortado por el sacramento.
El día 20 fue ejecutado.
Me uno en oración junto con todos los camaradas falangistas
por el eterno descanso de nuestro José Antonio. Que su sacrificio nos sirva
como ejemplo de virtud y lucha.
José Antonio ¡Presente!



