Hoy es un día muy complicado para
el país. Hoy tenemos el primer juego de la selección nacional de fútbol contra
sus rivales de Camerún, en la Copa Mundial Brasil 2014. Todo el pueblo mexicano
espera el partido, esperando que las huestes de Miguel Herrera saquen la casta
ante su rival y callen la boca de todos los que dudaron de su capacidad para
timonear al equipo. La expectativa es muy grande; tan solo una semana antes,
estos señores eran investidos, como si héroes paladines al servicio de la
patria, con la enseña nacional de manos del mismísimo Presidente Enrique Peña
Nieto, motivándolos a dar lo mejor de sí. Conmovidos hasta las lágrimas, como
soldados que van al frente de batalla.
Ahora me disculparán por el tono
sarcástico del párrafo anterior, no acostumbro mucho a escribirlo, pero creo
que esta vez lo ameritaba. No me mal
entiendan, espero que mi selección gane y llegue por fin a los anhelados
cuartos de final, para no decir en este mundial: “Jugamos como nunca y perdimos
como siempre”.
Mientras tanto, en los salones
del senado, entre reclamos, descalificaciones, ausencias, bromas y hasta
regalos, los senadores concluyeron con el debate en lo general del primer
proyecto de dictamen de la legislación secundaria en materia energética, un
debate que la mayoría del tiempo se convirtió en monólogo del PRD mientras que,
en un escenario aparte, el PAN amagó con no votar las leyes si el PRI y el
gobierno federal no aprueban sus puntos “irreductibles”.
Para meterle más intriga al
asunto la Secretaría de Gobernación (Segob), dijo que es imposible trasmitir cápsulas del debate de
la reforma energética en cadena nacional.
Según un documento de la
Dirección Jurídica de Radio, Televisión y Cinematografía (RTC), “en principio
no vemos la viabilidad de transmitirlas por cadena nacional, dado que la
incertidumbre de su duración resultaría en una carga desproporcional para los
permisionarios y concesionarios y limitaría el derecho de información de la
ciudadanía respecto al resto de los asuntos de interés general para la
sociedad”.
Obviamente, la izquierda radical
(porque en México toda la izquierda es radical), se opone a la propuesta del
Presidente al “afirmar” que la reforma energética "privilegia la entrega
de los hidrocarburos a la iniciativa privada". Ya desde hace meses, traen
el mismo discurso de la defensa del petróleo que es de todos y cada uno de los
mexicanos, “traición al que pretenda vender lo que es nuestro”, y un sinfín de
frases demagógicas y por demás desfasadas. Cuando escucho a los rojos
repitiendo hasta el cansancio ese discurso, realmente me siento fastidiado y
cansado. Me causa repugnancia como han tomado esa bandera para ganarse el voto
del pueblo a base de ese vil engaño.
Defender lo que es nuestro dicen
otros, ¿pero que es nuestro? Porque no conozco a un solo mexicano que haya
recibido un peso tan siquiera de lo que es “suyo”. ¿Acaso los rojos si? ¿Recibirán
un cheque? ¿O se los dan en efectivo? No nos hagamos, si PEMEX ha servido de
algo es solo para beneficiar a los sindicatos y a ciertos grupos de poder, así
como para financiar campañas presidenciales.
Por mí que se queden con mi parte
de PEMEX, se las regalo. Si se la quieren entregar a algún extranjero, pues
adelante, posiblemente la aprovecharía más y hasta le sacaría más provecho. Al
fin y al cabo, no hay otra cosa más
demagógica y chauvinista que ponerle una ideología a un recurso no renovable.
C.A.F.E.


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